instrucciones para un buen discurso

Desde que el senador Barack Obama apareció en nuestras pantallas todos tuvimos un nuevo problema: no éramos Barack Obama. O al menos, no teníamos sus impresionante capacidad de oratoria y articulación (tampoco su teleprompter ni su redactor de discurso).
La buena nueva, sin embargo, es que no hay que ser Obama para quedar bien cuando tenemos que hablar frente a público. Teniendo claridad de propósito (qué) y una buena argumentación es suficiente para impactar a tu audiencia.
Incluso antes de comenzar a hablar es preciso echar mano al sentido común para comenzar bien:
Llega temprano. Así podrás dimensionar el lugar, la manera es que está acomodado, la distancia hacia el público, etc.
Ten preparadas varias copias de tu discurso.
Tono: bien manejado, el entusiasmo puede transmitirse. Un discurso con tono entusiasta, optimista genera un buena ambiente en la audiencia. Pero cuidado. El entusiasmo mal manejado puedo terminal en caricatura. Si no fíjense lo que le ocurrió al CEO de Microsoft, Steve Ballmer:
Tres pasos son importantes en la construcción de todo buen discurso:
- Dilo.
- Susténtalo.
- Y dilo de nuevo.
Dilo. A menudo pensamos “dejar lo mejor para el final”. Es decir, que la parte importante de nuestro discurso la dejaremos para el cierre. Error. Usualmente, producto de cómo nos enseñaron a pensar en la escuela, uno va de la A hasta Z. En comunicaciones, es mejor empezar por la Z. Establecer claramente qué vamos a hablar es clave no solo para capturar la atención del público sino también para posesionarnos en su mente desde el mismo inicio y con la mayor claridad. Eso ayuda además a que las personas establezcan una suerte de ruta mental que ayuda a comprender lo que vamos a decir seguidamente.
Muy útil para el comienzo de un discurso persuasivo es tratar rápidamente comenzar haciendo una conexión personal a través de una historia, una anécdota o un recuerdo, por ejemplo. Es importante saludar a un par de personas pero no hacer una lista interminable de nombres.
Susténtalo. A continuación comienzas a argumentar aquello que dijiste que ibas a decir. Una manera útil de organizarlo es pensando, por ejemplo en que tienes que desarrollar:
- Punto 1
- Punto 2
- Punto 3
Para cada punto vas a utilizar una mezcla de distintas herramientas que hagan persuasivo tu argumento. Pueden ser estadísticas, anécdotas, historias personales, hechos, etc. Es bueno tener presente que los discursos son una mezcla de información y emoción. Lograr un adecuado balance es importante porque de lo contrario puedes terminar siendo demasiado aburrido (por sobre informativo) o demasiado vacío (por sobre-emocional).
Una táctica que se usa mucho en política es hacer una semi pausa luego de hacer los puntos importantes, de manera que el público cuente con tiempo de digerirlo bien.
Vuélvelo a Decir. En comunicaciones nunca des algo por dicho. La repetición inteligente de los mensajes es una forma efectiva de penetrar en la mente de audiencia. De modo que la parte final de tu discurso debe nuevamente plantear aquello que presentaste al inicio. Con el añadido de que debes agregar el “llamado a la acción” a las personas que te están escuchando.
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